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Número 165 Abril de 2003

 
 

La guerra contra Irak destapa contradicciones imperialistas

 

 

A la luz del desenvolvimiento de la sociedad actual sobre los cauces de afirmación del sistema capitalista, la teoría leninista del imperialismo no simplemente manifiesta su plena vigencia, sino que se ha cargado aún más profundamente de su sentido histórico.

El análisis leninista de la época es central e imprescindible para el desarrollo consecuente de la revolución proletaria. La teoría leninista del imperialismo plantea en toda su envergadura histórica la naturaleza interna, los rasgos, leyes y manifestaciones del capitalismo imperialista de nuestros días, es la herramienta insustituible de los comunistas tanto para comprender la naturaleza de la guerra actual, como para orientar la lucha de clases del proletariado.

La guerra de rapiña contra Irak es uno de los puntos más sobresalientes donde las contradicciones interimperialistas han confluido de manera tan nítida, como no había sucedido en las últimas décadas, después de que las contradicciones del imperialismo aparecieran distorsionadas en lo político e ideológico por el periodo que comprendió la llamada “guerra fría” que enmarcó la lucha por la hegemonía mundial entre la URSS socialimperialista y los Estados Unidos.

Las superpotencias, los monopolios, el capital financiero aparecen en esta guerra como sus verdaderos artífices, como los responsables de la miseria de las masas.

La guerra de las superpotencias por el control de Irak y de ahí del control de Medio Oriente y Asia Central, considerando en el centro al bloque anglonorteamericano impulsor inicial de la guerra, de un lado al bloque francoalemán en su línea diplomática de penetración “pacífica” y contundente de sus principales monopolios, y de otro lado a las potencias regionales China y Rusia en su desesperada lucha por alejar a los “occidentales” de sus mercados y de sus más próximas bases militares; plantea las cuestiones más importantes de la política imperialista actual.

Estas cuestiones son: La salida a la crisis económica de las superpotencias a costa de la clase obrera y los pueblos del mundo, la agudización de las contradicciones entre las superpotencias y sus monopolios, la agudización de los antagonismos con las burguesías de algunos países y sus Estados, la lucha por los mercados de venta y las fuentes de materias primas, las pretensiones de extender las cadenas financieras, la lucha por tener indemnizaciones de guerra, el apoderarse de las industrias de los países dependientes, la búsqueda y creación forzosa de nuevas industrias, la rivalidad por la hegemonía mundial, y las imbricaciones de la carrera de los armamentos.

La guerra contra Irak pone en un primer nivel la lucha por el control geoestratégico de Asia Central y el Medio Oriente por su importancia petrolera, para el comercio de armas y para la recuperación económica de las superpotencias.

Las superpotencias en su conjunto son responsables de esta guerra, su política expansionista las lleva a agredir a los pueblos y a disputarse sus riquezas; Si bien los más belicistas e inmediatos responsables resultan ser los imperialistas del bloque anglonorteamericano, por lanzarse a la conquista militar de Irak, quedó claro que ninguna de las otras superpotencias hizo nada trascendental a nivel de sus diplomacias por impedir el estallido de la guerra, siendo además que en varios sentidos empujaron al bloque agresor a continuar con sus preparativos buscando sacar partido por medio de la consolidación de una cobertura “pacifista” (Unión Europea) y aceptando los artículos de fe del imperialismo yanqui de la “lucha contra el terrorismo”.

Esta guerra no debilitará las contradicciones interimperialistas dado que está en disputa el control de los recursos petroleros de Irak de un lado por los que ya se han establecido en ese país Totalfina Elf de Francia, Loukoil de Rusia y National Oil Co. de China, y por el control del Deushe Bank, la banca de París y otros monopolios europeos de su mercado y sus recursos financieros, y por el otro de los que están con las manos vacías que son Exxon Mobil, Chevron, Texaco, BP Amoco y Royal Dutch Shell, estos últimos que fungen en estos momentos como los verdaderos comandantes de las fuerzas militares anglonorteamericanas.

La guerra acaudillada por Exxon Mobil, J.P. Morgan, Citi Group y los industriales de las armas en busca del control de los recursos petroleros no va a cesar. Las potencias imperialistas requieren dichos recursos porque esto les permitirá reactivar sus economías apostándole a la reducción de costos, las indemnizaciones (desde la anterior guerra, Irak ha pagado a Estados Unidos un mil millones de dólares en este ámbito) y el reparto de Irak que proporcionaría 2.9 billones de dólares de entradas por la explotación petrolera, que en lo inmediato aseguraría ganancias por un valor de 29,000 millones de dólares a los principales monopolios al frente de la guerra en el primer año, asegurándose con esto dos tercios de las ganancias anuales que ellos tienen. Poco importa que los capitalistas europeos utilicen mejores instalaciones para ahorrar petróleo y que los yanquis empleen tecnologías atrasadas que gasten demasiado combustible, lo importante de la guerra del petróleo es que quien lo controle no lo hará simplemente para utilizar mayores o menores cantidades de combustible, sino para su venta, vale recordar lo dicho por Marx, para el capitalista lo esencial es el valor de cambio y no el valor de uso de las mercancías, es decir, la obtención de ganancias.

A las superpotencias no les importó echar por los suelos su propia instancia internacional para dirimir diferencias, la ONU quedó rebasada por las contradicciones e intereses que se pusieron en juego. Pudieron más las ambiciones imperialistas de los grandes bancos, las petroleras y las empresas productoras de armas que toda la diplomacia burguesa del derecho internacional. Irak y sus pretensiones de aumentar los precios del petróleo, y el conjunto de países que integran la OPEP son enemigos comunes para todas las superpotencias y por ello están en su mira.

Lo que realmente les importa a todos los imperialistas es que el petróleo por su importancia estratégica para la producción capitalista, se ha convertido en el respaldo efectivísimo para consolidar unas u otras monedas internacionales. Quien controle el petróleo del mundo estará en condiciones de saturar los mercados financieros con sus monedas, como lo había estado haciendo EE. UU. desde 1945 hasta ahora.

Desde luego, para cada superpotencia las cuestiones inmediatas a resolver son diferentes en algunos aspectos; en tanto que los imperialistas yanquis buscan resarcirse de los crecientes problemas de la enorme circulación a escala internacional de dólares sin respaldo (cientos de billones de dólares), los europeos llevan adelante su ofensiva por fortalecer la presencia del euro y especialmente por obtener el cambio de petrodólares a eurodólares (Irak, Irán y Corea del Norte y algunos otros países en menor grado, estubieron cambiando sus cuentas internacionales a euros), el resto de superpotencias implicadas en la misma línea buscan fortalecer sus monedas y aumentar la circulación de las mismas hacia adentro y hacia fuera de sus países.

La clave en el asunto de la guerra de las superpotencias por imponer unas u otras monedas se puede ver a raíz de las condiciones de la economía yanqui que a pesar de su fuerte déficit, debido a que el dólar cubre el 80% de las transacciones en el mercado de divisas y la mitad de todas las exportaciones mundiales se realizan en dólares, asegurándose así la emisión de éstos y con ello el que su déficit en la balanza comercial no tenga las peores consecuencias. Con ello y otros factores de la acumulación de capital yanqui así como la captación de capitales exteriores hacia la gran metrópoli es como Wall Street se ha convertido en el principal centro de especulación de los precios del petróleo.

A su vez en esta guerra están en juego el control monopólico de la producción y venta de armas convencionales y/o nucleares, entran en contradicción Rusia, Estados Unidos- Gran Bretaña, Francia, Alemania y China, que detentan los primeros lugares. Irán y Corea del Norte por mantener en ascenso su producción militar son considerados indeseables por las superpotencias al hacerles competencia.

Esta guerra trae consigo la marca de una nueva avanzada de las superpotencias occidentales al continente asiático por apoderarse de sus mercados y sus materias primas, las disputas yanquis contra Corea del Norte están marcadas por la propia dinámica proteccionista antiyanqui de su menguada economía, como por la aproximación de aquel país con la burguesía rusa en torno al ferrocarril transcoreano, en una posible unión con el ferrocarril transiberiano y el establecimiento de mayores lazos económicos.

En torno a Irak se establecen los intereses encontrados de las principales superpotencias. La victoria yanqui e inglesa en esta guerra no puede traer una paz con principios de igualdad, (como lo muestran claramente las escenas preñadas del fascismo y racismo imperialista contra el pueblo de Irak y como se puede palpar a la luz de las confesiones de los timoneles del imperialismo respecto al control del petróleo), porque está fincada en la continuidad de la guerra económica en una correlación de fuerzas favorable a ese bloque. Si las cosas se dan como hasta ahora se presenta predecibles dado el desmembramiento del ejército Iraquí, la ausencia de la acción defensiva del pueblo a gran escala, la ruina económica de Irak, su aislamiento de aliados seguros y la falta de un viraje radical en dirección de la organización contra la guerra; la situación de Alemania en Europa del este comenzará a titubear por la afluencia de dólares más firmes, la expansión del euro perderá vigor, Francia tendrá que renunciar a algunas de sus colonias en África, Japón se volverá más dependiente de las petroleras norteamericanas pese a su respaldo a los imperialistas yanquis, China tendrá que soportar la presencia de las flotas norteamericanas y Rusia dejará de ser el principal socio comercial de Irak, no tendrá ni la más remota posibilidad de recuperar el capital de deuda que tiene invertido en Irak , y definitivamente perderá las posibilidades de recuperar Asia Central.

Por esto, bajo estas inminentes amenazas, los imperialistas europeos negociaron la cuestión de Irak en la doble política de influir sobre Irak y su cambio de gobierno y en la amenaza a los imperialistas de que no permitirían que sus intereses sean tocados, además de cerrar su mercado a la economía yanqui.

A pesar de ello, la política angloamericana es tajante, lo que no permitirán es que las potencias europeas participen en un nuevo gobierno en Irak, los contratos petroleros hechos por Sadam Husseim serán desechados y sólo se aceptaría una participación europea que permita la supremacía angloamericana siempre y cuando se compartan los gastos de guerra.

Se debe resaltar que este comportamiento de los imperialistas yanquis e ingleses se debe a que pese a sus crecientes dificultades económicas y su crisis, en que en la actualidad siguen detentando la comercialización petrolera, a que la economía norteamericana por sí sola absorbe un cuarto de las exportaciones del resto del mundo, tiene una deuda de 2.7 billones de dólares, detenta el mayor complejo industrial del mundo, mantiene el más grande presupuesto militar, el dólar es la primera moneda utilizada como divisa (64% de reservas monetarias mundiales son dólares) y sus monopolios están expandidos por todo el mundo.

Estos son los principales elementos del reparto imperialista de Irak, sus recursos petroleros y su posición geoestratégica que tienen a las principales superpotencias en una disputa encontrada y a la vez coincidente en cuanto al dominio de ese país.

La guerra contra Irak se desarrolla en el contexto de una creciente fascistización de los regímenes establecidos en las superpotencias, sus sociedades se enfrentan a las amenazas de militarización, las masas y sus dirigentes son perseguidos y encarcelados, las organizaciones combativas son objeto de agresión, la ideología irracional decadente vuelve a ponerse al centro, el racismo y la xenofobia se acrecientan y todos los males sociales como la pauperización se agudizan.

Los imperialistas yanquis reafirman por encima de cualquier instancia internacional y de sus propias normas del “derecho internacional” a ejercer su poder, a llevar la guerra a cualquier rincón del planeta, a someter a los pueblos del mundo a su voluntad y a no permitir que sus competidores les disputen la hegemonía mundial.

Cualesquiera que sean los resultados de la guerra la consecuencia será la agravación de la inseguridad de los pueblos, esta guerra despeja en definitiva las dudas de algunas capas de la sociedad con respecto al régimen fascista imperialista de EE. UU.
En lo específico de las consecuencias posibles de la guerra, queda fijo el comportamiento de las grandes potencias en la búsqueda de la hegemonía mundial, donde en cualquier resultado, la clase obrera y los pueblos del mundo se enfrentarán a los dictámenes imperialistas, en la victoria angloamericana o la imposibilidad de alcanzarla, se cerán obligados a pasar factura a los pueblos.
Las condiciones que se presentan y el trabajo revolucionario que se debe desplegar pueden cambiar radicalmente la conciencia de las masas proletarias, campesinas y medias, a favor de la acción de éstas en la lucha antiimperialista y anticapitalista, conduciéndose a la revolución proletaria.

La lucha antiimperialista internacional con banderas revolucionarias y la resistencia y enfrentamiento de los pueblos de Irak son lo único que puede parar esta brutal guerra imperialista y las pretensiones de cualesquiera superpotencias. La lucha antiimperialista seria sólo puede ser conducida por la clase obrera en acción que rompe con los intereses mezquinos del pacifismo pequeñoburgués.
A la lucha por la posesión de los campos petroleros de Medio Oriente y Asia Central seguirá la de los de Venezuela y México, por cualesquiera métodos imperialistas.

La solidaridad con los pueblos de Medio Oriente debe expresarse en las huelgas de tipo político y la movilización organizada por los Frentes Populares revolucionarios. El Partido y el FPR impulsamos una plataforma antiimperialista e internacionalista que afronte las tareas por transformar el actual orden mundial capitalista imperialista y no por supuestos equilibrios o conciertos de superpotencias.

Los acontecimientos llaman a la clase obrera y a sus partidos comunistas a recuperar su papel en la historia.

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