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Número 163 Enero de 2003

 
 
Los pobres del campo y el tratado de libre comercio

Después del parcial reparto agrario de la reforma cardenista, la gran burguesía agraria, los latifundistas (encubiertos) y los terratenientes lograron consolidar su posición económica y política. Con los recursos dinerarios, el crédito financiero, la técnica, la maquinaria y la explotación asalariada, consiguieron concentrar la producción agropecuaria y ser los rectores de los precios de mercado.

La política agropecuaria de los gobiernos emergidos de la Revolución Mexicana de 1910, resguardó a la gran burguesía agraria, a los latifundistas y los terratenientes de las demandas agraristas; pero, al mismo tiempo, para mediatizar las luchas campesinas, impulsaron un reparto agrario y una débil política de desarrollo rural, que apoyó el desarrollo capitalista del campo y la industria. Las contrareformas constitucionales de Miguel Alemán en el artículo 27 sobre la inafectabilidad y el derecho de amparo a terratenientes, permitió a los grandes poseedores de tierras conservar gran parte de sus propiedades; y ya en 1994, la contrarreforma sobre el ejido, benefició nuevamente a estos acaparadores, permitiendo acrecentar sus dominios con la compra y alquiler de las mejores tierras ejidales y granjas particulares.

Finalmente, los últimos gobiernos abandonaron a su suerte a los campesinos, abatiendo o desapareciendo el crédito rural, quitando el apoyo técnico y a la comercialización. Así, sin los precios de garantía, gran cantidad de los productos mercantiles de los campesinos cayeron en manos de los “coyotes”, para enriquecer aún más a la burguesía acaparadora y usuraria.

El resultado de todo lo anterior ha sido la ruina de la economía de los campesinos medios y pobres, reduciendo sus siembras o abandonándolas, en consecuencia, una parte importante de ejidatarios y minifundistas no tuvieron más alternativa que limitarse a la producción alimenticia para autoconsumo, sumándose a los campesinos indígenas que tradicionalmente mantienen su producción de autoconsumo, en las llamadas “zonas de refugio”. La miseria creciente en el campo lanzó a millones de hombres a las filas proletarias, emigrando en busca de salario a las fincas, a las haciendas capitalistas y a las fábricas.



Durante décadas, la gran burguesía implementó los medios para arruinar a los campesinos y restablecer la gran producción en el campo, pero actualmente, el duro golpe se facilitó debido a que los intereses hegemónicos del imperialismo coincidieron con los grandes explotadores del campo mexicano, pues los gringos requieren de mano de obra barata mexicana en sus fincas, para mantener su gran producción alimentaria, como parte del proceso intensivo de acumulación de capital y establecer su dominio estratégico sobre el mercado de alimentos en México.

En este contexto se inscribe la alianza del gobierno de México con el imperialismo norteamericano, expresada en el apartado agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), “alianza” que se traduce en una contrareforma agraria, que es antagónica a los intereses del campesinado, sus ejidos y comunidades agrarias.

El TLCAN, para el campesinado pobre y proletariado agrícola, la gran mayoría de la población rural, no es un mero "asunto del mercado" o de "aranceles", sino que enmarcado dentro de la lucha de clases representa una nueva derrota, que en tiempos de relativa paz le ha propinado la burguesía, los terratenientes y el imperialismo. En esta situación, el campesinado no puede dejar de considerar la necesidad de una política de alianzas con el proletariado rural y los obreros industriales, que les permita revirar el golpe. También, los campesinos medios y ricos pueden ser sus aliados, debido a que, ante la desigual competencia con los grandes productores, no les queda otra que luchar para no caer en ruina.

Para que los explotados y oprimidos del campo puedan tener un mejor futuro, tienen que ser barridos del suelo mexicano la gran burguesía agraria, los terratenientes y los latifundistas; con la tierra y otros equipos de infraestructura en las manos de los campesinos, los proletarios agrícolas y los pequeños propietarios, organizados en ejidos y comunidades, será posible hablar de recuperar la seguridad alimentaria, de mejorar sus condiciones de vida y alimentar de manera sana a la población, abastecer a la industria de materias primas, y realizar un comercio exterior, con productos de alta calidad.

Hablar de "seguridad alimentaria", "biodiversidad", "incentivos a la producción", "moratorias", etc., sin tener en cuenta a las clases pobres del campo y su lucha histórica, es pura demagogia, es estar mascullando un discurso aparentemente democrático pero, en la práctica, estar de lado de los intereses de los explotadores. Debe quedar claro que esta lucha implica un proceso de acumulación de fuerzas, de grandes combates, de avances y retrocesos y que el verdadero triunfo del campesino invariablemente va de la mano, en primer término, de la instauración de un gobierno obrero, campesino, popular. Este es el camino de la victoria.

La lucha no es fácil. El gran embustero, Vicente Fox, defiende a ultranza del TLCAN, critica a quienes "engrandecen los efectos negativos" de esta última etapa del tratado impuesto por los imperialistas y los oligarcas nacionales, y dice que éste no llevará al campo a la bancarrota, cuando hace mucho tiempo que el campo quedó hecho un desastre: la indiscriminada importación de granos, el cierre de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO), que provocó la caída de los precios agrícolas ya que los “coyotes” impusieron sus precios, el nulo apoyo crediticio y la eliminación de subsidios significó el abandono financiero y tecnológico, lo que llevó a la ruina a los campesinos pobres y medios de México; quienes fueron a parar a las filas proletarias, a trabajar en las transnacionales agropecuarias de México y Estados Unidos. Pero, para el embaucador y sus perfumados secretarios, Javier Usabiaga Arroyo, el secretario de Agricultura, Fernando Canales de Economía, y Santiago Creel de Gobernación, en el campo "no hay crisis". Está claro que los del “gabinetazo” no sienten la obligación de voltear a ver a los miserables, a los rotos, a los trashumantes, parte discordante del TLCAN, pues les regocija mirar a los pujantes empresarios agrícolas y terratenientes, a los que producen para la exportación, a sus amigos extranjeros. Los burgueses y su gobierno se dan cuenta que han sembrando la inestabilidad y revivido las luchas sociales en el campo, que hoy empiezan a tomar mayor envergadura. El pueblo aprende que los discursos del Primer Empresario son pura mentira.


El TLCAN es el tiro de gracia para los pequeños agricultores. A Fox le tiene sin cuidado que mañana existan más pobres. Por eso no va a parar el TLCAN, no va a modificar la política agraria a favor de los pobres del campo, no va a destinar recursos para ellos, el ¡hoy! ¡hoy!, se convirtió en ¡no hay! ¡no hay!. Por eso los pobres seguirán engrosando las filas de los emigrantes, sin reconocerles sus derechos políticos, humanos, migratorios, laborales y salariales en México ni en los Estados Unidos.

Sin agitación, sin movilizaciones en el campo, Vicente Fox, no se verá obligado a aceptar, aunque sea parcialmente, una política acorde a los intereses de los campesinos pobres. Vicente Fox realiza maniobras de circo, a fin de que su política empresarial sea aceptada por "todas" las clases en el campo. Quiere echar en un solo costal a los campesinos pobres, medios y ricos, a la gran burguesía agrícola, a los latifundistas y a los terratenientes, acompañados de los pusilánimes legisladores, que no hicieron nada por detener la entrada del acuerdo.

Lo que hará Fox ante el descontento de campesinos es mediatizar a los radicalizados agricultores ricos y medios, echando mano de algunas medidas que no se contrapongan con el TLCAN. Con ese propósito Vicente Fox impulsa el "diálogo" y un "acuerdo nacional para el campo", con el Congreso Agrario Permanente (CAP), agrupación priísta, a quien Fox les llamó corruptos, con los que no había que negociar, ahora serán los “interlocutores” para crear una política de Estado para el sector rural, no porque dejaran de ser corruptos sino porque ellos junto con Fox y la burguesía no quieren que este movimiento se salga de su control. A esta organización se suman El Campo No Aguanta Más y El Barzón (agrupaciones que sus dirigentes las convirtieron en apéndices del PRD) y que pese a sus diferencias en el discurso y estilos de movilización, todos están de acuerdo en seguir el juego al proyecto foxista, aunque les disguste que el descarado presidente quiera poner de coordinadores en las mesas a sus señoritos secretarios.

Los dirigentes de estas organizaciones, con su política conciliadora, se colocan al frente de la indignación rural, pero su finalidad es conciliar los intereses de los pequeños empresarios agrícolas, campesinos ricos y medios con el gobierno foxista, lo que dificultará, aun más, la organización de los pobres. En el fondo, estos cretinos, buscan llevar agua a su molino electoral ¡los pobres poco les importan! Para el CAP y El Barzón el gobierno tiene la solución: dejar caer unas migajas y premios en curules locales y federales.

Queremos dejar claro a los campesinos pobres, a los obreros del campo y la ciudad, a los intelectuales revolucionarios a las organizaciones sociales que este enredo, jaloneo y "diálogo" en las cúpulas del gobierno y los oportunistas, muestra la podredumbre del sistema económico, político y legislativo mexicano, muestran que están alejados de una solución real a la situación de crisis y miseria.

Por eso, tienen razón las organizaciones de campesinos pobres que señalan que no están representadas en estas negociaciones nacionales y que el gobierno promueve algunas organizaciones campesinas a fin de dividir el movimiento que lucha en contra del TLCAN y la política rural gubernamental. Pero, unas limitan sus pugnas a la "revisión del capítulo agropecuario del TLCAN", de la "recuperación del sector agrícola del país", de la “seguridad alimentaria”, sin alcanzar a ver que, la lucha contra los explotadores nacionales y extranjeros, tiene que partir de una base social fuerte y poderosa: la alianza obrero-campesina. Los discursos "nacionalistas" sólo van en dirección de echar tierra a los ojos de los campesinos pobres. En este contexto se ubican los dirigentes charros de la Unión Nacional de los Trabajadores (UNT), quienes apoyan las posiciones arribistas y pequeño burguesas de El Barzón y El campo no aguanta más.

Sectores del campo, controlados por PRI, a través Central Nacional Campesina (CNC), pregonan grandes calamidades para el campo con el TLCAN y critican la política del PAN, diciendo que los campesinos pobres no se consideran en las políticas empresariales de Vicente Fox, pero su práctica está del lado de los explotadores en el campo. El PRI, junto al PAN, instrumentaron la política reaccionaria que rompió la débil alianza de la burguesía y el campesinado, que emergió de la Revolución Mexicana de 1910, en favor de la alianza burguesa-terrateniente-colonialista. En realidad, las diferencias entre el PRI y el PAN son de matiz, de modo y tiempo; en el centro de sus discusiones está la disputa por el poder del Estado, en este año electoral. Por esos mismos canales transitan todos los partidos electoreros, que querrán sacar provecho de la desgracia rural.

Las grandes empresas agropecuarias, beneficiadas por la política gubernamental son las aliadas innatas de Fox y el PAN; el interés de incorporarlas al "diálogo" y al "acuerdo" es mediatizar y controlar el "foro” propuesto por Vicente Fox, por eso, la mustia posición conciliadora de sus perros falderos del CAP, al aceptar “que participe el sector privado del agro en las negociaciones", los pone a descubierto. Y es que, aún cuando los radicalizados pequeños empresarios rurales y los ricos del campo peguen de brincos, por la versión 2003 del TLCAN, son sus beneficiarios, directos e indirectos.

En el caso de los productos que se liberan el presente año, las grandes productoras de pollo negociaron con sus pares estadounidenses la división del mercado, a fin de garantizar las jugosas ganancias a las "nacionales", sobre todo cuando, entre éstas, dos de las principales productoras “nacionales” son filiales de empresas gringas. Los productores de cerdo, más dramáticos, auguran su quiebra con el TLCAN y amenazan abandonar la producción si el gobierno no los protege. Los grandes productores de hortalizas y frutas, que exportan al mercado de EUA con ventajas comparativas y débiles competidores, tienen asegurado el mercado gringo, y les tiene sin cuidado la apertura con el TLCAN. En todo caso, para estos y otros privilegiados, existen planes gubernamentales: eliminación de impuestos, energéticos baratos, convenios bilaterales, garantías contra subsidios, etc., a fin de “salvarles del TLCAN”. Sin duda, el gobierno seguirá manteniendo sus privilegios y jugosas ganancias; a cambio, los empresarios claman, a Vicente Fox, recurrir a la represión frente a la agitación en el campo.

Los campesinos pobres no se resignarán a sufrir el ingrato destino que les depara la política agropecuaria y el TLCAN. A pesar de su dispersión, la organización de los pobres del campo avanza en distintas regiones y estados, mostrado capacidad y decisión de lucha. A El Barzón y El Campo No Aguanta Más, organizaciones que viven más del prestigio, se acercan los campesinos de Atenco y es probable que lo hagan otras organizaciones y eso no esta mal, pero debemos establecer los puntos que nos permitirán dar pasos juntos y recordar a El Barzón que no se nos ha olvidado que siempre llaman a las organizaciones democráticas para unir fuerzas, pero luego nos hacen a un lado, para negociar solos, o que resulta que sólo estaban postulándose para diputados o presidentes municipales o jefes delegacionales, etc. Los campesinos deben de coordinar su acción y unirse bajo un programa de lucha, mantenerse independientes del Estado y de los intereses imperialistas; no permitir que las demandas sólo sean manoseadas por los oportunistas, conciliadores y vende campesinos, que nos abandonaran a la mitad del camino.




México registra un serio problema rural, resolverlo requiere conocer sus verdaderas dimensiones y las fuerzas que actúan. Se requiere poner atención a los conflictos de intereses, sobre todo entre los grandes explotadores, el imperialismo gringo y contra los campesinos pobres y proletarios agrícolas. Hay que luchar por liquidar los latifundios familiares y los terratenientes. Debemos luchar por la entrega de tierras a los campesinos, por la eliminación de guardias blancas, luchar en contra de la división entre campesinos por problemas territoriales, etc. Este es un problema urgente que hay que abordarlo de inmediato: en varias regiones del país el ambiente se ha tornado explosivo, urge la organización del campesinado pobre y los proletarios agrícolas.

Sólo con la unidad combativa de los campesinos pobres, en alianza con los proletarios agrícolas y obreros industriales, podrán hacer valer sus derechos políticos, el más fundamental, su derecho a conducir la política agropecuaria del Estado, su derecho a completar el reparto agrario, que implica vencer la alianza gran burguesa-terrateniente-latifundista-imperialista.

El Frente Popular Revolucionario (FPR) es una de las organizaciones que representa los intereses de los pobres del campo; debe movilizarse por la construcción de una organización nacional de los pobres del campo. El FPR junto a otras organizaciones tiene la gran responsabilidad de impulsar su unidad nacional, empujando una reunión nacional de los pobres y proletarios del campo.

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