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Número 166 de mayo 2003

 
 

 

Irak y la guerra económica de las superpotencias

 

Las grandes causas de la invasión y sometimiento militar de Irak han quedado más que claras, es la aspiración de los monopolios norteamericanos e ingleses a controlar el petróleo iraquí estableciéndose firmemente sobre su territorio, reforzando su poder político, instalar bases militares en su territorio y desplegar su expansión sobre Medio Oriente y Asia Central en la larga guerra económica imperialista.
El régimen de Husseim, consolidado y apoyado, desde sus orígenes hasta 1991, por los imperialistas yanquis había dejado de garantizar la expansión imperialista por las vías que dictaban, y al mismo tiempo, se estaba convirtiendo en un referente para posibles convenios de dominio regional entre las burguesías árabes; por todo esto, a los imperialistas les resultaba vital destruir su régimen, la tarea les costó 10 años de sabotaje, un sabotaje ruin que liquidó a más de un millón de iraquíes en esa década y que aunado a las políticas del régimen de Husseim dejó a todo el pueblo en la miseria.
La “alta política” imperialista hizo un arduo trabajo, primero se aseguró que por medio de la ONU Irak no tuviera la más mínima posibilidad de resolver sus problemas económicos, hoy se sabe que la campaña “petróleo por alimentos” fue un desastroso experimento para impedir que Irak utilizara sus recursos económicos; el bloque angloamericano se aseguró de que ninguna otra potencia imperialista intervendría en la guerra, e incluso, les obstaculizó el camino de un entendimiento por aparte, esto lo lograron por medio de chantajes militares, negociaciones de mercados y deudas, dejando de hacer ruido sobre las tropelías de otras potencias, como las de Francia en África, y Rusia en el Cáucaso, etc.
Lo más difícil para los imperialistas era ocultar las verdaderas causas de esta guerra, cuestión que no pudieron lograr sino al precio de costosísimas y sórdidas campañas de desinformación y manipulación. La propaganda imperialista se rige por el lema de “di una mentira mil veces y se hará verdad”, predicaron la defensa de los valores humanistas, la lucha contra un tirano, la posesión de armas químicas, la peligrosidad del régimen de Sadam, la lucha contra el terrorismo, y de todas estas prédicas no queda nada digno, la inocultable verdad se hace presente pese al control monopólico de los medios de comunicación, solo la inmensa cobertura a las patrañas imperialistas hizo el milagro, sus ideas se diseminaron, pero su capacidad para convencer por sí mismas se vio muy limitada.
La verdad de la invasión sale a flote, y los imperialistas se ven obligados a renovar sus mentiras y a introducirse de lleno en una política falsa, que pretende ocultar su naturaleza reaccionaria y la fuente de intereses de todas sus acciones.
Irak es un punto clave en la escalada imperialista para un “nuevo orden” conducido por el refrito vulgar que se hace llamar “Doctrina Bush”, vómito del “Destino manifiesto” del imperialismo yanqui que dicta su absoluta superioridad mundial. La guerra económica de las superpotencias por la hegemonía mundial continúa, aunque ahora las distancias dan más ventaja al bloque anglonorteamericano, para pronto, el derecho internacional en sus cuestiones medulares está siendo “actualizado” a favor del dominio de este bloque, el armamentismo legalmente favorece a estas superpotencias, las políticas “humanistas” dejan de ser atendidas, las nuevas normas de mercado y financieras serán dictadas en mayor medida por este bloque, las invasiones militares serán permitidas solo si favorecen su posición mundial, el control militar sobre el planeta se vuelve una prioridad para los imperialistas angloamericanos, los países sujetos a la dominación tendrán que permitir un acceso incondicional a los monopolios internacionales y especialmente a los yanquis.
El asentamiento militar, político y económico de los imperialistas angloamericanos en Irak, a su vez servirá para controlar a las burguesías de la región y emprender nuevas guerras incluso con soldados reclutados del pueblo iraquí. La posesión de Irak está sirviendo para negociar frente a las otras potencias las nuevas relaciones de “convivencia” en las que se busca impedirles disputar la hegemonía, y al mismo tiempo, descargar sobre ellas, las consecuencias económicas de la guerra, vía la “ayuda humanitaria”, la renegociación de las deudas de Irak, el chantaje con los intereses de monopolios europeos en Irak, el chantaje con el control político sobre Irak, y el chantaje con agresiones a Rusia desde Irak. Estos son los verdaderos objetivos, Irak es usado como pueblo conquistado para recomponer el mapa de la dominación imperialista dándole primacía aplastante al imperialismo norteamericano.
En lo corto, los imperialistas negocian los términos para destrabar sus mismas normas que impedían la venta libre del petróleo iraquí, golpear a la OPEP con la saturación de los mercados mundiales con petróleo iraquí, abaratar el precio del petróleo, y para ello nuevamente hablan de una ONU reorganizada, grotesco pero real. Esto abre las puertas de la política imperialista europea en las cuestiones en común como la rapiña de los recursos de Irak y los contratos de reconstrucción.
Irak se está convirtiendo a pasos acelerados en un protectorado anglonorteamericano (con sus disputas internas por supuesto), donde la voz de mando la llevan los grandes monopolios, los hombres designados para fungir de Cónsules como a la usanza romana son gente estrechamente vinculada a las siete hermanas del petróleo, a las empresas de armamentos y a los grandes bancos, son empleados de primer nivel y además, inversores en dichas compañías, tales son los héroes de la “reconstrucción y asistencia humanitaria”.
Entre tanto, los imperialistas europeos tejen nuevos escenarios de concentración y centralización monopólica continental, aprovechan el tiempo para “integrar” a otros países a su Unión Europea, países que fungen como abastecedores de mano de obra barata y como mercados para expandir sus capitales gracias a la desregulación de sus economías, esos nuevos pueblos esclavizados de por sí, pero ahora sujetos a las políticas de la oligarquía financiera europea son Hungría, Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Malta y Chipre. Se trata de países donde también los imperialistas yanquis tienen grandes intereses económicos, militares y estratégicos por su ubicación, y que al ingresar a la Unión Europea generarán nuevas disputas por el dominio de los mares, territorios y sus mismas economías.
La guerra económica de los monopolios para “resolver” los graves problemas a que se enfrenta el capital está llevando al mundo a nuevas guerras de naturaleza imperialista, a peores condiciones de miseria, a la destrucción de las pocas conquistas que les quedaban y al exterminio de pueblos enteros.
Los imperialistas de todo el mundo, en función de sus intereses, pretenden agotar física y espiritualmente a los pueblos, quieren hacerles creer que son su única alternativa, esto lo refuerzan gracias a la complicidad de las burguesías nacionales, que han renunciado a la defensa de los intereses de sus países o que cuando lo hacen, o están negociando por debajo de la mesa o son inconsecuentes con sus prédicas, cuánta razón tenía Stalin al decir que tocaba a los comunistas llevar hasta sus últimas consecuencias la lucha antiimperialista y revolucionaria del proletariado mundial y no a las burguesía. La política internacionalista y revolucionaria del proletariado debe abrirse en estos escenarios para cambiar todo el trasfondo de la historia humana y sentar las bases de la emancipación.


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