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Número 166 de mayo 2003

 
 

POR UN PRIMERO DE MAYO
COMBATIVO, PROLETARIO,
DE CLASE Y REVOLUCIONARIO


 

Manifiesto firmado por el Frente Popular Revolucionario
y el Partido Comunista de México (m-l)

Desligado del marxismo-leninismo, “el movimiento obrero se achica y se transforma por fuerza en un movimiento burgués: al sostener exclusivamente la lucha económica, la clase obrera pierde su independencia política, se convierte en un apéndice de otros partidos y traiciona el gran precepto: “La emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma”.
LENIN

No sin asombro, los proletarios del mundo vemos cómo las superpotencias imperialistas, pretextando “salvar al pueblo de un tirano”, hacen la guerra y someten al pueblo de Irak, con los verdaderos objetivos de imponer su hegemonía en el Medio Oriente y Asia Central, colocar bajo su control el petróleo, los mercados, las fuentes de materias primas y el comercio de armas, todo lo cual tiene el fin de expandir las cadenas financieras, sin importar que esos propósitos lleven a la muerte, al sufrimiento y la miseria a millones de seres inocentes.
Sabemos que la recesión mundial es la causa fundamental que empuja al capital financiero a buscar nuevos territorios de conquista; que al frente de los monopolios, transnacionales, cárteles y trust está el imperialismo norteamericano e inglés; que la guerra de ocupación y de expansión del capital financiero les beneficia a todos los explotadores, incluyendo a Francia y Alemania que muestran una careta pacifista; la crisis cíclica del imperialismo abre el camino al fascismo internacional y a las guerras coloniales, al sometimiento y explotación brutal de la clase obrera y los pueblos del mundo; que esta guerra de la coalición imperialista del capital financiero con la burguesía mundial, es en contra de la clase obrera internacional y los pueblos del mundo.
Parar la guerra y evitar el holocausto mundial, sólo puede ser obra de la clase obrera mundial al frente de todos los pueblos explotados y oprimidos, uniendo la voluntad del proletariado mundial en la lucha por acabar para siempre con la explotación del hombre por el hombre. En efecto, el imperialismo como fase final del capitalismo ha llegado a un punto en que unos cuantos bribones acumulan la riqueza producida en todos los confines del mundo ¡expropiar a los expropiadores!, es una consigna que adquiere actualidad frente a las grandes catástrofes que nos anuncian estas aves de rapiña, que pretenden continuar enriqueciéndose a costa de la muerte y el sufrimiento de los obreros y los pueblos. En efecto, la lucha por el socialismo en el mundo y en particular en nuestro país, no es una consigna que carezca de bases firmes; los opresores del proletariado y pueblo iraquí son los mismos en México, América, África, Asia, Australia y Europa, no hay un rincón en el mundo que esté a salvo de sus ambiciones, de su piratería, de su saqueo, de su violencia.
Los que atacan Irak son los mismos que dominan en México, imponen las políticas neoliberales con planes y tratados junto a sus empleados nativos, la burguesía nacional y la mediana burguesía, con una brutal explotación a los obreros y pueblo mexicano, saquean sin medida los recursos naturales. La clase obrera y el pueblo de México no pueden permanecer al margen de los actuales acontecimientos y la mejor forma de apoyar al pueblo iraquí es luchando en contra del imperialismo y la burguesía en nuestro país; levantando las banderas antiimperialista y, antifascistas, por el socialismo.
Delimitemos acertadamente las tareas antiimperialistas y antifascistas. La clase obrera no debe dejarse llevar por las propuestas de los reaccionarios que promueven el apoyo al gobierno panista, pensando que es posible detener las agresiones imperialistas en el seno de la ONU, cuando quienes representan a los países son los serviles Estados burgueses aliados y subordinados al imperialismo; asimismo, el proletariado de México no podrá cumplir cabalmente con las tareas históricas que tiene al frente prestando oídos a los ilusos que llaman a la paz entre las clases sociales; tampoco se trata de continuar creyendo las falsas ilusiones que siembran los economistas que, abandonando la lucha por el salario, han puesto de moda la idea de “salvar los empleos” a costa de trabajar y vivir como bestias. Al imperialismo y sus títeres sólo les detendrá el movimiento internacional de la clase obrera por un mundo nuevo, este mundo burgués ya no tiene remedio.
La clase obrera de México resiente una fuerte ofensiva. La unidad lograda por la burguesía, con el desarrollo del capital financiero, el control del Estado junto la burguesía media y pequeña, le permite un mayor control sobre la clase obrera, a través de las centrales charras y neocharras que junto con los partidos de la burguesía y sus agentes al interior del movimiento obrero y sindical, inducen a la división y la inmovilidad proletaria, pretendiendo llevar a la clase obrera a un callejón sin salida. En pocos años la gran burguesía logró disminuir los salarios, imponer jornadas extenuantes, realizar paros técnicos que les permite sortear la crisis de sobreproducción, ajustando sus plantillas laborales, aumentando la jornada de trabajo sin pago de horas extras, haciendo trizas los contratos colectivos y todo tipo de prestaciones; además, sin mayores dificultades, ha conseguido apropiarse de las empresas del Estado, incluidas diversas áreas de PEMEX y de la industria eléctrica. En una palabra, ha sometido a la clase obrera de México a la ley de la máxima ganancia.
Mientras un puñado de grandes ricos han visto crecer enormemente sus fortunas, año tras año se suman al desempleo cientos de miles de jóvenes, crece el empleo precario en el comercio, en los servicios y en las maquiladoras donde se pagan salarios de miseria y no se aplican las mínimas prestaciones que marca la ley; los capitalistas aprovechan la sobre oferta de mano de obra y recrudecen la explotación. La peor suerte la corren los proletarios agrícolas a quienes se les trata casi como a los viejos esclavos, trabajando de sol a sol, alimentándoles sólo con unas cuantas tortillas y frijoles, durmiendo hacinados en galeras, en fin, no se les respetan sus derechos políticos, laborales, sociales y humanos, mucho menos cuando se van de mojados al otro lado del río Bravo. En resumen, los capitalistas hacen recaer la crisis económica sobre las espaldas de la clase obrera y el proletariado rural.
Y no conforme con eso, el gobierno panista pretende despojar a la clase obrera de sus conquistas históricas, reducir legalmente al mínimo las prestaciones con la reaccionaria reforma a la Ley Federal del Trabajo, que pulverizaría de tajo el derecho de organización sindical y de huelga, la jornada máxima de ocho horas, la estabilidad en el empleo y un sin fin de derechos individuales y colectivos que, en los hechos, los capitalistas pisotean todos los días, en todas partes, pero si se aprueba la reforma lograrán “legalmente” impedir la defensa de los intereses obreros, cerrando el paso para evitar que los obreros desarrollen cualquier manifestación de protesta, colocándoles en la ilegalidad cuando pretendan ejercer sus derechos, además de la represión selectiva que han venido aplicando todos estos años, la burguesía pretende abrir legalmente la puerta a la represión general de las masas.
El charrismo sindical se viste de colores. Los abiertamente pro-patronales blancos y azules (PAN), en su mayoría controlados por el Grupo Monterrey, predominan principalmente en las zonas industriales del norte del país; los amarillos del sol azteca (PRD), de política colaboracionista de clases y su cretinismo parlamentario, la hacen de bomberos de la revolución; los tricolores continúan controlando el Congreso del Trabajo y ahora lamen las botas del gobernante en turno. La Unión Nacional de Trabajadores y otros que provienen de las luchas de los setenta y ochenta del llamado sindicalismo independiente, hoy impulsan el colaboracionismo de clase, hacen alianzas con el PAN, el PRD y el PT, según sus intereses. Pero una cosa tienen en común, todos éstos no representan ninguna alternativa para el proletariado.
La larga experiencia de lucha de la clase obrera y los trabajadores, demuestra que enfrentamos una situación desigual, mientras, pugnamos desde abajo por nuestros derechos y legítimas aspiraciones, éstas chocan con todo el aparato del sistema del Estado, del poder burgués, que aprieta todas sus cuerdas para someternos cada vez más a las cadenas de la explotación y la opresión, esto significa que si no planteamos la unidad y proponemos la meta de alcanzar el poder, de luchar por él, nunca lograremos cambiar la injusta realidad.
Por lo anterior, la clase obrera y los trabajadores en México no deben esperar que las centrales traidoras al proletariado organicen en nuestro país la respuesta a la guerra imperialista; o que luchen en contra de la política pro-imperialista y anti-popular del régimen capitalista; mucho menos, que estando al cuidado de garantizar las máximas ganancias a los patrones, peleen por mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los obreros. Por el contrario, éstos son los mejores aliados de la burguesía para socavar cualquier intento de organización o sublevación, por medio de la represión, el control y la manipulación de los obreros. Véase como los dirigentes de estas centrales y sindicatos avalan con distintos matices las reformas reaccionarias a la Ley Federal del Trabajo, lo que les garantiza prebendas y asumen continuar con su dominación.
En efecto, si la clase obrera y proletariado de México desea dar pasos firmes en la organización de la lucha antiimperialista y antifascista y por el socialismo, si los obreros quieren expresar su solidaridad con sus hermanos el proletariado y pueblo iraquí, ha llegado el momento de mandar al basurero de la historia al sindicalismo charro y neocharro; es hora de combatir con firmeza y dignidad a los enemigos de clase, pues el proletariado de México no podrá dar ni un solo paso por su emancipación si no entra a la lucha directa, si no logra romper las cadenas organizativas, ideológicas y políticas que le atan a la cola de los intereses de la gran burguesía, del capital financiero y del imperialismo.
El Partido Comunista de México (marxista-leninista) hace un llamado a los obreros concientes a construir células obreras revolucionarias en las fábricas, fundando núcleos secretos que llamen a la acción combativa de las masas, que den la batalla por todas partes bajo las consignas por el socialismo, uniendo esta lucha contra el imperialismo y el fascismo. Organizar grupos por departamento, por turno, por fábrica, según sean las condiciones; y unamos estas fuerzas en la tarea de formación de una corriente sindical revolucionaria, un sindicalismo de clase a nivel nacional. Construir estas corrientes sindicales revolucionarias en todos los sindicatos obreros dominados por el charrismo sindical es una tarea urgente, porque la clase obrera necesita un sindicalismo que no sólo impulse la lucha económica, sino que además contribuya a la organización revolucionaria de la clase obrera, que tiene que destruir el actual sistema de explotación y esclavitud asalariada.

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