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Número 163 Enero de 2003

 
 

El salario y su desarrollo en México

El precio medio del trabajo asalariado es el mínimo del salario, es decir, la suma de los medios de existencia de que tiene necesidad el obrero para seguir vivo como obrero. Por consiguiente, lo que el obrero recibe por su actividad es estrictamente lo que necesita para mantener su mísera existencia y reproducirla". Manifiesto del Partido Comunista, C. Marx y F. Engels

LA MISERIA ASEGURADA CUANDO EL SALARIO SE CONTROLA POR LOS GRANDES CAPITALISTAS.


El obrero vende su fuerza de trabajo para poder vivir, el trabajo es la actividad vital del obrero, pero bajo el capitalismo, no es, para él, mas que un medio para poder existir, trabaja para vivir, por lo que el obrero no considera el trabajo parte de su vida, para él es un sacrificio, lo único que produce para sí mismo, es el salario. Por eso, considera que al terminar de vender su fuerza de trabajo, empieza su vida; cuando ve el partido de fútbol, cuando come, cuando platica con su esposa e hijos o se toma unas cervezas, etc., para el obrero las ocho horas de trabajo (como mínimo) son el medio para ganar el dinero que le permita satisfacer sus necesidades para reproducir su fuerza de trabajo.

El obrero se subasta de 8, 10, 12 ó 15 horas de su vida, día tras día, entregándolas al mejor postor, al propietario de las materias primas y los instrumentos de trabajo; es decir, al capitalista. El obrero no pertenece a ningún propietario, pero las 8, 10, 12 ó 15 horas de su vida cotidiana pertenecen a quien se las compra. El obrero, en cuanto “quiera” puede dejar al capitalista y el capitalista le despide cuando se le antoja, cuando ya no le puede sacar provecho alguno. Pero el obrero, cuya única fuente de ingresos es la venta de su fuerza de trabajo, no puede desprenderse de estos feroces compradores, es decir, de la clase de los capitalistas, sin renunciar a su existencia, no pertenece a tal o cual capitalista, sino a la clase capitalista en conjunto, y es incumbencia del obrero encontrar un patrón, o mejor dicho, encontrar, dentro de esta clase capitalista, un comprador.

La actividad productiva del obrero, su fuerza creadora no sólo repone lo que consume, sino que da al trabajo acumulado un mayor valor del que antes poseía. El obrero recibe del capitalista una parte de los medios de vida existentes, ¿para qué le sirven estos medios de vida? Para su consumo inmediato: comer, transportarse, vivienda, etc. Pero, al consumir el salario de que dispone, lo pierde irreparablemente, a no ser que se siga empleando para producir otras mercancías. Esto se convierte en su ciclo de vida.

Por eso, el valor de la fuerza de trabajo del obrero, al igual que cualquier otra mercancía, se determina por la cantidad de trabajo necesaria para su producción. Para poder desarrollarse y sostenerse, una persona tiene que consumir una determinada cantidad de artículos de primera necesidad. El obrero, al igual que la máquina, se desgasta y tiene que ser remplazado, por lo que necesita otra cantidad para criar a sus hijos, que le remplacen en el mercado de trabajo, para perpetuar la raza obrera. Además, es preciso dedicar otra suma de valores al desarrollo de su fuerza de trabajo y a la adquisición de una cierta destreza. Por lo tanto, históricamente, el valor de la fuerza de trabajo se determina por el valor de los artículos de primera necesidad imprescindibles para producir, desarrollar, mantener y perpetuar la fuerza de trabajo.

Sobre el problema del salario, Carlos Marx, en su folleto “Salario, precio y ganancia” (escrito en junio de 1865), después de una certera explicación concluye:

“1. Una subida general del nivel de los salarios acarrearía una baja de la cuota general de ganancia, pero no afectaría, en términos generales, a los precios de las mercancías.

2. La tendencia general de la producción capitalista no es elevar el nivel medio del salario, sino reducirlo.

3. Las tradeuniones (sindicatos) trabajan bien como centros de resistencia contra las usurpaciones del capital. Fracasan, en algunos casos, por usar poco inteligentemente su fuerza. Pero, en general, son deficientes por limitarse a una guerra de guerrillas contra los efectos del sistema existente, en vez de esforzarse, al mismo tiempo, por cambiarlo, en vez de emplear sus fuerzas organizadas como palanca para la emancipación definitiva de la clase obrera; es decir, para la abolición definitiva del sistema de trabajo asalariado.”



¿Qué pasa cuando el salario se controla por los grandes capitales financieros?

La lucha por el aumento o reducción de los salarios es una constante entre obreros y capitalistas. El salario mínimo, fue un logro importante de la lucha del proletariado en todo el mundo, en contra de la explotación indiscriminada de sistema capitalista, obligando al burgués a pagar el mínimo para satisfacer las necesidades básicas de vida. De esta manera se le impedía al capitalista comprar la fuerza de trabajo del obrero por un pago miserable.

En México, la Constitución de 1917, eleva el salario mínimo a garantía social en su artículo 123, que dice que el salario mínimo debe ser suficiente para satisfacer las necesidades "normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural" ( Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, México, 1994, p. 125, Edición del IFE,). Esta conquista se perdió con el paso del tiempo, tras la corporativización de los obreros, la represión y la casi nula combatividad en que se ha visto en las últimas décadas.
Actualmente el salario mínimo, se ha convertido en un referente en el mercado laboral, ya que el control y contención de los salarios mínimos, por la burguesía, presiona hacia abajo los salarios en general. El deterioro del salario mínimo refleja la pérdida de las demás percepciones de los trabajadores. El salario mínimo, revisado por los patrones y sindicatos charros y blancos, se convierte en un manipulador que controla el nivel de vida de los trabajadores asalariados. Los obreros al no movilizarse en protesta por estos acuerdos, han perdido esta garantía social, descendiendo a la pobreza y extrema pobreza.

Veamos, entre 1982 y el 2002, las remuneraciones promedio contractuales bajaron 56.38%, al pasar de $50.13 pesos en 1982, a $21.87 diarios, en el 2002; las remuneraciones manufactureras descendieron 31.63%, al pasar de $130.80 a $89.43 pesos diarios, entre 1982 y 2002; en la industria de la construcción, disminuyeron 43.07%, al pasar de $63.55 pesos diarios a $36.18; los salarios medios del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) perdieron 43.07%, al pasar de $74.14 pesos diarios a $42.21; y las remuneraciones de la industria maquiladora de exportación perdieron 10.29%, pasando de $66.51 pesos a $59.66 diarios; todos, para el mismo periodo.

En el transcurso de la presente administración, de diciembre del 2000 a noviembre del 2002, el salario mínimo perdió 9.17% de su valor. El poder adquisitivo del minisalario, pasó de obtener apenas el 28.07% de la Canasta Básica Indispensable (CBI), al 25.50%.

Estudios nacionales e internacionales señalan a nuestro país como uno de los más pobres del mundo: en 1998 México se encontraba entre los doce países más pobres del mundo según el Banco Mundial; el organismo señala también que 40% de la población sobrevive con menos de 17 pesos y afirma que, contrariamente, hay un 20 por ciento de la población que concentra más de la mitad del producto económico del país.

El investigador Julio Boltvitnik, asegura que la pobreza en nuestro país afecta alrededor de 65 millones de personas, 40 millones de las cuales viven en condiciones extremas. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en América Latina el "sector informal" genera 85 de cada 100 nuevos empleos. Los trabajadores informales representan el 40 por ciento de la Población Económicamente Activa, además afirma que el "sector informal" "se ha constituido en un refugio al desempleo". (Periódico El Financiero, 8-05-98, pag. 10.)

Es claro que las grandes empresas transnacionales (nacionales y extranjeras), sobre todo estadounidenses, aprovechan el bajo costo de la mano de obra, por lo que, los trabajadores, son para la economía estadounidense, lo que la mano de obra asiática es para la economía japonesa: una mano de obra barata, controlada y desplazable según sus requerimientos.

El gobierno mexicano se vanagloria por el éxito del TLCAN, ya que la exportación de productos manufactureros en el 2000 generó ingresos de 136 mil millones de dólares, de lo cual, la manufactura produjo el 89%; y, por tanto, esa cantidad forzosamente genera empleos. Pero las exportaciones se hacen trayendo del extranjero la mayoría de las mercancías, entonces lo que hace México es importar la computadora desarmada y la ensambla; importar el automóvil desarmado y lo ensambla. Sólo se ensambla lo que proveniente del extranjero. En realidad la contribución de la maquila es la tercera parte de esos 136 mil millones. México no cuenta con infraestructura, incluso, para el gobierno mexicano, una razón para que venga el capital extranjero es la existencia de salarios mal remunerados.

Los obreros deben oponerse a la rebaja de sus salarios y luchar por conseguir una subida de estos. Sin la constante presión de los obreros continuará la reducción de los salarios. Las luchas de la clase obrera contra el patrón son acciones inseparables de todo el sistema capitalista, la necesidad de forcejear con el patrón acerca de su precio, va unida a la situación del obrero, que le obliga a venderse a sí mismo como una mercancía. Si en sus conflictos diarios con el capital los obreros cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para emprender movimientos de mayor envergadura.

Señala Carlos Marx: “Al mismo tiempo, la clase obrera no debe exagerar el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable guerra de guerrillas, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado. Debe comprender que el sistema actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador de: «¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!», deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: «¡Abolición del sistema de trabajo asalariado!».(Carlos Marx, “Salario, precio y ganancia”.)

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